Cada enfermedad es una señal de que en el paciente mismo hay algo que no está en orden, sea en su comportamiento hacia sus semejantes o hacia sí mismo. Esto significa que su forma de pensar y vivir no está en consonancia con las leyes cósmicas. Cada enfermedad orgánica grave es al mismo tiempo una enfermedad del alma. Si encontramos los conflictos anímicos en los que radica la enfermedad y aprendemos a eliminarlos, nos irá mejor también físicamente.

