La sentencia del Tribunal Supremo que limitó las devoluciones en caliente a quienes superan elementos de contención físicos no fue el problema. Fue la constatación de un problema más profundo que la crisis de Ceuta ha puesto en evidencia sin paliativos: España carece de los agentes, los medios y la capacidad administrativa para gestionar una avalancha migratoria de las dimensiones de la ocurrida el 30 y 31 de julio. La cuestión no es si la ley permite o no las devoluciones inmediatas. La cuestión es que, incluso si la ley lo permitiera, no hay agentes suficientes, ni medios materiales, ni capacidad operativa para practicarlas ante una movilización de decenas de miles de personas. A principios de septiembre, más de un mes después de la crisis, esa realidad sigue siendo la misma, y la frontera sur de Europa permanece tan vulnerable como el día del asalto.