Aquella tarde el de Portoplano, al atardecer de su existencia y de la luz, se acercó y atravesó las naves de lo sagrado. Todos los pueblos y aldeas, disponían del templo actual, desde hace siglos, más de un milenio, un lugar con una cruz. Diversas cruces en el interior y en el exterior. Esa cruz ha conformado nuestro mundo interior y exterior en gran parte. Seríamos de otra manera si no existiese esas cruces, en todos los lugares del territorio en el que habitaba y se habitaba el de Portoplano.

