Cada vez que alguien tiene un problema también tiene la tentación de creer que no existe solución. Es una sensación pasajera, a veces un ligero instante de duda que inyecta adrenalina y acelera el corazón, pero que no es real. Sabemos por experiencia que, si exceptuamos los impuestos y la muerte, lo demás suele tener solución. La única duda es saber cuál es el nivel de esfuerzo, tiempo y recursos necesarios para conseguirla.
