En política, discrepar siempre es saludable. La discusión, el disenso, el debate y el intercambio de opiniones y visiones es uno de los ejes de la democracia. Eso es una cosa. Otra muy diferente es utilizar una mentira ya desmentida para hacer daño al adversario. Ahí ya hablamos de una línea que ni en política debe cruzarse, pues contraviene principios éticos que deben ser inquebrantables para la vida ciudadana.

