La inteligencia artificial está transformando múltiples aspectos de nuestra vida, pero hasta ahora ha carecido de una dimensión crucial: la emocional. La investigación doctoral de Alberto Hernández Marcos en la Universidad de Granada aborda ese desafío con el desarrollo de un marco de autoaprendizaje emocional para agentes de inteligencia artificial (IA), diseñado para que aprendan y expresen patrones emocionales de manera autónoma. Hernández Marcos considera “que este avance representa un paso importante hacia sistemas de IA más humanos y efectivos”. El estudio tiene por título LOVE, acrónimo de Latest Observed Values Encoding o, en español, Codificación de los últimos valores observados.
