Decía J. Monnet que “nada es posible sin las personas, pero nada es duradero sin las instituciones”. Tras reformar sus estructuras, la Unión Europea se enfrenta a la mejora de su gobernanza, incrementando la confianza en el Estado de Derecho, la independencia de los poderes y las elecciones libres. De Tratado en Tratado el Parlamento influye cada vez más en nuestra vida cotidiana, alimentado por la vitalidad de sus grupos políticos. Sin renunciar al respeto de instituciones que han definido nuestra estabilidad, la comunidad será más democrática cuanta más participación se dé en decisiones que afectan a todos.