Las aves migratorias han desarrollado la fascinante capacidad evolutiva de recorrer grandes distancias desde sus lugares de invernada hacia las áreas de reproducción y viceversa, salvando a veces miles de kilómetros. Un exigente periplo que supone un desafío extremo a su biología por tener que superar en muchos casos las grandes barreras geográficas que suponen las cordilleras montañosas, los desiertos y los mares. Pero, además, en el camino encuentran numerosos peligros: caza ilegal, contaminación, hábitats destruidos, temporales, parques eólicos, carreteras o tendidos eléctricos. Es por ello, que conservar sus espacios de cría, invernada y reposo en sus rutas migratorias es vital para su conservación.