Si miramos el humor gráfico construido en nuestra sociedad, en los tres primeros tercios del siglo veinte, y, el que existe en otros cincuenta años hay un cambio radical…
Si miramos el humor gráfico construido en nuestra sociedad, en los tres primeros tercios del siglo veinte, y, el que existe en otros cincuenta años hay un cambio radical…
En los últimos días hemos asistido con preocupación a la difusión de un vídeo protagonizado por una asociación juvenil vinculada a una formación política, cuyo contenido destila un tono preocupante, con mensajes que muchos no dudan en calificar como claramente racistas.
La escena que se repite cada fin de semana en el Estrecho no es una anécdota: es un síntoma. Como secretario general de CCOO de Ceuta, no puedo aceptar como “normal” que las navieras sigan gestionando el embarque de vehículos como si la seguridad y la dignidad de las personas pasajeras fueran un detalle secundario. El pasado domingo, en el embarque de las 16:00 horas de Algeciras a Ceuta, los coches fueron estibados pegados unos a otros, hasta el extremo de que apenas se podían abrir las puertas y las personas tenían serias dificultades para bajar del vehículo y acceder a las escaleras que conducen a los salones. Cuando se planteó la queja a un operario, la respuesta suele ser tan clara como preocupante: “Vamos llenos, hay que estibar así”.
Desde la más absoluta indignación, denunciamos el discurso de odio difundido por Revuelta, organización juvenil vinculada a Vox, en su visita a Ceuta y, en concreto, al barrio de El Príncipe.
Cuando el Consejo de Ministros se reunió esta mañana en sesión extraordinaria para aprobar el plan anticrisis ante la guerra en Irán, en Madrid nadie pensó en Ceuta. No es una acusación. Es un hecho documentable, sesión a sesión, decreto a decreto, presupuesto a presupuesto. Ceuta figura en los papeles del Estado cuando conviene, y desaparece cuando se trata de proteger a sus ciudadanos.