Encontrarte con las quejas de un adolescente, lleno de impotencia y de amargura, por no encontrar solución a los numerosos problemas que esta sociedad le plantea y que ha heredado sin quererlo, nos trae a todos por la calle de la amargura. Es descorazonador ver jóvenes que son nuestros hijos y los hijos de nuestros conciudadanos y hermanos, que se sabe que lo tienen mucho más difícil que sus padres lo tuvieron para encontrar un trabajo de sus características y que, de no ser por ellos, estarían catalogados como excluidos sociales porque no tienen salario, ni medios económicos, ni horizonte, ni futuro; sólo tienen a sus padres. Esta situación nos produce... de todo

