Cada noche, mientras el mundo duerme, hay familias en España que no pueden hacerlo. Se turnan. Se despiertan. Comprueban que el pecho de su hijo sube y baja. Porque para ellas, el sueño no es descanso: es vigilancia. Su hijo tiene síndrome de Ondine. Y su cuerpo, mientras duerme, olvida respirar.
