Para empezar, la sobreactuación y afectación que rodeó la preparación del Debate superó todas las marcas. Con un mes de antelación aproximadamente, Antena-3 se dedicó a martirizar sin piedad a sus televidentes, con tal proliferación de datos técnicos que resultó insufrible, como por ejemplo: dimensión del plató, iluminación, número de cámaras, etc. y otro tanto en lo referente a la puesta en escena, orden de intervención, medida de tiempos, que repitieron hasta la saciedad, descendiendo a matizaciones. Tal comportamiento por parte de la citada cadena, predispuso a la ciudadanía en contra del debate y comentarios previos durante dos horas, si bien, ignorantes de lo que presenciaríamos a continuación pero motivados por el morbo previo, el éxito de audiencia estaba asegurado.

