Debajo de un árbol en lo más profundo del bosque de Chitrakut se encontraba meditando un anciano yogui (asceta y místico). Sentado en la postura de loto sobre una esterilla de hierba kusha y con los ojos cerrados, meditaba en ver a la Divinidad dentro de su corazón. La soledad del bosque le proporcionaba la paz que deseaba para poder llevar una vida ascetica y alcanzar la realización del Ser.

