El de Portoplano sentía, que quizás, durante décadas en sus análisis conceptuales sobre cientos de aspectos de la realidad, teórica o práctica, había creído que lo que se estaba jugando era el poder, todo tipo de poder. Las ideologías y los grupos, eran sistema de poder, para alcanzar el poder, sea sociopolítico o económico o cultural o psicológico. Pero ahora, se estaba dando cuenta, que la gran lucha o gran juego, era no solo ese poder y poderes, sino determinar y condicionar el alma-espíritu humano. La gran lucha era por el alma-espíritu humano.

