En los últimos años nos hemos acostumbrado a que un hombre sin escrúpulos, pomposo, orgulloso de su ignorancia, carente de talento y talante pero lleno de tanta osadía como de vanidad fútil y fatua intente siempre dar una vuelta de tuerca a la maldad de una mente enferma de poder y de carencia de todo vestigio del bien.
