Todo apunta a que el cambio climático ha sido quien ha llenado de primaveras este enero, bajando para jugar, más que la luna, múltiples y nutridos grupos de orugas que procesionan desde los bolsones de las copas de los pinos hasta el suelo, donde realizan la pupa. “Corazón partío” o no aparte, lo cierto es que este proceso que antes se localizaba entre los meses de marzo y junio, viene adelantándose sistemáticamente en los últimos años. Este 2024 ha superado todos los récords: temperaturas en algunos casos de más de 30ºC han dado el pistoletazo de salida a la aparición de la plaga de procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa) en pleno mes de enero.
