De las aves que surcan nuestros cielos, pocas o ninguna son capaces de vivir de una forma tan extraordinaria como los vencejos. Imposible imaginar cómo ven el mundo unas aves que, tras nacer y crecer en el hueco de un tejado, se atreven a dar un salto al vacío e iniciar un vuelo que no se detendrá durante meses. Esas crías de vencejo que crecen en nuestros edificios, van a cruzar mares y continentes surcando los cielos de día y de noche, volando a ras de agua para beber o ascendiendo a gran altitud para dormir describiendo amplios círculos.
