Hay que reconocerlo... desde que ha empezado la campaña electoral, todos aquellos partidos que nos presentamos buscando el voto de los ciudadanos, recorremos incansables las calles, los mercados, los lugares públicos aburriendo y comentando nuestras bondades a todos aquellos con los que todos los días nos cruzábamos antes por las calles y a quienes en el mejor de los casos solo decíamos hola y adiós. Y es sorprendente la perplejidad que se nota en la cara de aquellos a los que abordamos. ¿Pero es que de verdad pensamos que una sonrisa, un eslogan o un regalo van a decidir su voto personal por una u otra opción? Y si esto no es así, porque ¿insultamos su inteligencia con nuestras propagandas?

