Aun viviendo en la misma ciudad, esta visto y comprobado que no todos somos iguales, nuestras vidas discurren en un mismo lugar, pero nuestras perspectivas son diagonalmente opuestas. Para la inmensa mayoría su día a día discurre entre penurias y sinsabores, mientras que otros sin haber hecho nada que sea digno de mención, viven en la más absoluta de las opulencias, pero cuando uno observa con detenimiento la situación, se da cuenta que estos últimos en realidad a lo mas que han llegado en sus vidas profesionales, ha sido a seguir a pies juntillas la voz de su amo, perdiendo con ello toda la dignidad, si es que alguna vez la han tenido, pero consiguiendo - a pesar de tan luctuoso hecho - un puesto renumerado en la administración, sin tener que haber realizado el esfuerzo que supone pasar el filtro de unas oposiciones o examen cualificado y sino que se lo digan a los últimos que se han incorporado a ese elenco.

