Carles Puigdemont, un fugado de la justicia española que disfruta de su autoexilio en Waterloo, vuelve a dar lecciones de dignidad desde su pedestal europeo. Ahora resulta que no quiere negociar los Presupuestos con el PSOE y pretende hacerlo desde Suiza, como si el lugar fuese a darle más legitimidad. Es insólito que alguien que huyó de la justicia española, dejando atrás un reguero de ilegalidades, se atreva a plantear exigencias al Gobierno de España. ¿Quién es Puigdemont para marcar las reglas de juego? Un prófugo no debería tener voz en el presente ni el futuro de nuestro país, pero aquí está, jugando al ajedrez con el tablero de la democracia española.
