La Autopista Nacional
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Carles Puigdemont, un fugado de la justicia española que disfruta de su autoexilio en Waterloo, vuelve a dar lecciones de dignidad desde su pedestal europeo. Ahora resulta que no quiere negociar los Presupuestos con el PSOE y pretende hacerlo desde Suiza, como si el lugar fuese a darle más legitimidad. Es insólito que alguien que huyó de la justicia española, dejando atrás un reguero de ilegalidades, se atreva a plantear exigencias al Gobierno de España. ¿Quién es Puigdemont para marcar las reglas de juego? Un prófugo no debería tener voz en el presente ni el futuro de nuestro país, pero aquí está, jugando al ajedrez con el tablero de la democracia española.

Carles Puigdemont, un fugado de la justicia española que disfruta de su autoexilio en Waterloo, vuelve a dar lecciones de dignidad desde su pedestal europeo. Ahora resulta que no quiere negociar los Presupuestos con el PSOE y pretende hacerlo desde Suiza, como si el lugar fuese a darle más legitimidad. Es insólito que alguien que huyó de la justicia española, dejando atrás un reguero de ilegalidades, se atreva a plantear exigencias al Gobierno de España. ¿Quién es Puigdemont para marcar las reglas de juego? Un prófugo no debería tener voz en el presente ni el futuro de nuestro país, pero aquí está, jugando al ajedrez con el tablero de la democracia española.

Pero la culpa no es solo de Puigdemont, sino de un Gobierno que se lo permite. Pedro Sánchez y su ejecutivo han demostrado que no tienen límites con tal de mantenerse en el poder. No es que negocien con el demonio, es que si hiciera falta, le ofrecerían un sillón en el Consejo de Ministros. Sánchez no ha tenido reparos en acercarse a quien sea para arañar unos votos, y si Puigdemont pide reunirse en Marte, seguramente ya estén viendo cómo cuadrar el presupuesto para pagar el cohete. El PSOE no solo ha cruzado líneas rojas, sino que parece dispuesto a borrarlas del mapa con tal de seguir ocupando Moncloa.

La situación es vergonzosa para cualquier ciudadano que aún crea en los principios de la política como un ejercicio de servicio público. ¿Cómo explicar a los españoles que el futuro del país se decide en reuniones con un prófugo en lugar de en el Congreso? La imagen de España queda maltrecha cuando quienes representan al Estado no defienden ni el Estado ni la justicia que se supone que lo sustenta. Todo esto, mientras Sánchez sonríe, satisfecho, como si nada importara más que su continuidad en el poder.

Puigdemont juega a ser un mártir, pero no es más que un político que traicionó las leyes que prometió respetar. Sánchez, por su parte, parece más preocupado por el rédito electoral que por la dignidad de las instituciones. Juntos, han convertido la política española en un circo donde la justicia y la ética son los primeros en ser devorados por los leones.

España merece más. Merece un gobierno que respete sus instituciones y un sistema político que no le dé protagonismo a quienes lo han desafiado desde la ilegalidad. Es hora de que alguien ponga fin a este espectáculo, porque entre fugados y oportunistas, quienes realmente pierden son los ciudadanos.

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Ceuta, Miercoles 29 de Julio del 2026

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