En Afganistán, bajo el régimen talibán, las mujeres viven en una oscuridad que Europa y el mundo no pueden seguir ignorando. Su realidad es la de un constante estado de opresión, humillación y terror. No hablamos de restricciones menores, sino de un ataque sistemático contra su dignidad y humanidad. Cada ley, cada mandato, cada golpe de la "policía de la moral" no solo las encierra esencialmente, sino que asfixia su salud mental y su espíritu. No hay futuro ni esperanza en un lugar donde rezar no es un consuelo, sino el único refugio ante la desesperación.
