Hay que ver cómo cambia el discurso de algunos según les conviene. Ione Belarra, adalid del feminismo más intransigente cuando el enemigo está fuera de su círculo, se ha convertido en un ejemplo claro de ese doble rasero tan peligroso. No hace mucho, la ministra de Derechos Sociales se subía al carro de los linchamientos públicos para pedir la cabeza de Luis Rubiales por el ya famoso beso a Jenni Hermoso. Sin juicio ni matices, lo suyo fue un “a la hoguera” en toda regla, exigiendo justicia rápida y ejemplar.
