Hay besos que se recuerdan toda la vida, pero el de Luis Rubiales a Jenni Hermoso tras la victoria en el Mundial femenino ha pasado directamente a la historia. Y no precisamente por romántico o emotivo, sino porque parece no tener fin. Después de meses de polémica, titulares y debates, la justicia ha hablado: 10.800 euros de multa por agresión sexual y absolución por coacciones. Y, aun así, la historia continúa.
Hay besos que se recuerdan toda la vida, pero el de Luis Rubiales a Jenni Hermoso tras la victoria en el Mundial femenino ha pasado directamente a la historia. Y no precisamente por romántico o emotivo, sino porque parece no tener fin. Después de meses de polémica, titulares y debates, la justicia ha hablado: 10.800 euros de multa por agresión sexual y absolución por coacciones. Y, aun así, la historia continúa.
Rubiales mantiene su inocencia y asegura que luchará por ella. Es curioso, porque a estas alturas no sabemos si lo que no quiere soltar es su versión de los hechos o ese momento congelado en el tiempo. Lo cierto es que, mientras la mayoría ve en ese beso un gesto fuera de lugar, él sigue convencido de que todo fue natural, espontáneo y, por supuesto, consentido.
El problema es que, más allá de los tribunales, la percepción pública es otra. Para muchos, no solo fue un gesto inapropiado, sino también una falta de respeto. La absolución por coacciones puede aliviarle, pero la condena social ya está dictada, y no hay apelación posible.
Lo que sorprende es su insistencia en prolongar este culebrón. Tal vez piense que con el tiempo su imagen se limpiará o que, a base de negar, conseguirá que dudemos de lo que vimos. Pero cuanto más alarga el asunto, más difícil parece que pueda pasar página.
Al final, lo único claro es que este beso pasará a la historia. No como un gesto de amor o de celebración, sino como el beso más famoso y más largo de la historia reciente de nuestro país. Y, sobre todo, como el beso que Rubiales no deja de dar.