Pedro Sánchez ha vuelto a jugar con fuego, y esta vez el peligro no es solo político, sino también estratégico para la seguridad de España. La decisión del Gobierno de ceder más competencias en inmigración a Cataluña, en un aparente guiño a sus socios independentistas, no solo rompe con la igualdad entre comunidades, sino que genera un riesgo real de descoordinación en un asunto tan delicado como el control de nuestras fronteras. No se trata de un simple trámite burocrático, sino de algo que compromete la estabilidad del país.
