Hay días en los que la política española parece un juego de palabras bien ensayado, donde todo encaja demasiado perfecto para ser creíble. Cuando Pedro Sánchez habla de que lo de José Luis Ábalos, Santos Cerdán o Leire Díez son “casos de personas concretas que se aprovecharon de su posición”, la frase suena limpia, casi cerrada en sí misma. Pero fuera del atril, la gente no siempre lo recibe con esa misma limpieza.
