Retirar la bandera de España de la sede del PSOE de Madrid para sustituirla por la de la Segunda República no es un gesto inocente, ni una simple decisión estética. Es una declaración política en toda regla. Y lo más grave es que procede del partido que actualmente ocupa el Gobierno de la nación. Quien gobierna España tiene la obligación moral e institucional de respetar los símbolos que representan a todos los españoles, no solo a quienes piensan como él, aunque visto lo visto todo lo que últimamente está rodeando al partido socialista, ya nada sorprende, y están mostrando su verdadera cara desde hace tiempo.
