Gobernar no consiste meramente en habitar el Palacio de la Moncloa; implica gestionar de forma eficiente, respetar los cauces institucionales y proyectar solvencia tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Hoy, España proyecta la preocupante imagen de un país paralizado. El goteo constante de escándalos, investigaciones judiciales, imputaciones que cercan al entorno directo del Ejecutivo y la reciente condena en los tribunales de figuras que formaron parte del núcleo duro del partido gobernante describen un escenario de colapso ético y operativo intolerable.
