El enredo del narcotúnel del Tarajal vuelve a dar un giro que nadie quería ver, pero que muchos ya intuían. Otro guardia civil ha ingresado en prisión provisional, sumándose a una lista que, por desgracia, no deja de crecer. Con este nuevo arresto, ya son tres los agentes entre rejas por su presunta relación con el túnel que conectaba Ceuta con Marruecos para mover droga como si fuera un simple envío exprés.
El enredo del narcotúnel del Tarajal vuelve a dar un giro que nadie quería ver, pero que muchos ya intuían. Otro guardia civil ha ingresado en prisión provisional, sumándose a una lista que, por desgracia, no deja de crecer. Con este nuevo arresto, ya son tres los agentes entre rejas por su presunta relación con el túnel que conectaba Ceuta con Marruecos para mover droga como si fuera un simple envío exprés.
Lo más llamativo —y quizá lo más triste— es la sensación de déjà vu. Cada nuevo capítulo confirma un patrón que erosiona la confianza en un cuerpo que, en teoría, está para frenar precisamente lo que algunos de sus miembros han terminado facilitando. Y claro, el ciudadano de a pie, el que intenta entender qué está pasando, solo alcanza a decir: “suma y sigue”.
También es cierto que no se puede manchar a todo el cuerpo por la actuación de unos cuantos. Pero eso no quita que la herida esté abierta y que cada nueva detención la haga sangrar un poco más. Los responsables políticos y de seguridad tendrán que mirar este caso de frente, sin paños calientes, porque aquí no hablamos de una simple manzana podrida, sino de un cesto que lleva tiempo avisando de que algo falla.
En un territorio tan particular como Ceuta, donde la presión fronteriza y el interés de las redes de narcotráfico son constantes, la vigilancia interna debería ser tan rigurosa como la externa. Y, sin embargo, este caso demuestra que durante demasiado tiempo se miró hacia otro lado o no se miró lo suficiente.
Ojalá este escándalo sirva para limpiar, revisar y reforzar en vez de para resignarnos. Porque si algo está claro es que la ciudadanía merece instituciones que den ejemplo, no que acaben protagonizando titulares que, más que indignación, provocan ese suspiro tan español de “vaya tela”.




