Por fin parece que en Europa alguien empieza a escuchar el sentido común. La reciente propuesta de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, de abrir centros de retorno para inmigrantes fuera de la UE es una decisión que muchos venimos reclamando desde hace tiempo. Es evidente que estos centros, más allá de su utilidad para la gestión de los flujos migratorios, deben estar ubicados en países cercanos a las familias y las raíces de los migrantes, donde puedan mantener sus tradiciones y costumbres.
