La corrupción en la clase política española ha vuelto a ocupar titulares con nombres como José Luis Ábalos o los presuntos casos relacionados con el senador Miguel Ángel Aldama. Y una vez más, el ciudadano de a pie se siente estafado por aquellos que deberían ser garantes de la ética y la transparencia. La sensación de impunidad y desvergüenza parece ser la constante en un sistema en el que, lamentablemente, las consecuencias para los corruptos son mínimas o, peor aún, inexistentes.
