El reciente fallo judicial en Algeciras ha dejado a muchos con la sensación de que el mundo está patas arriba. El asesino del sacristán, un hombre que cometió un crimen a sangre fría en plena iglesia, no irá a prisión. En su lugar, será internado en un centro psiquiátrico bajo la premisa de que su mente no estaba en su sitio al cometer el acto. Tremendo, ¿verdad? Para quienes esperábamos ver justicia de manera clara, esto resulta casi incomprensible.
