Las fiestas siempre traen algo más que comidas familiares y brindis: traen pausa. Y quizá esa pausa sea justo lo que necesitamos como país para preguntarnos si las cosas se están haciendo bien o si, simplemente, seguimos avanzando por inercia. Muchos españoles sienten que nada cambia de verdad y que la política, venga de donde venga, ya no ilusiona ni convence.
