La Autopista Nacional
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Otra vez un juzgado, otra vez nombres que orbitan cerca del poder y otra vez el mismo olor a cosa poco clara. La declaración de José Fernández Rosado en el caso hidrocarburos no es un chisme de bar: es un episodio más de esa película repetida donde empresarios, presuntos testaferros y favores mal explicados se cruzan en los alrededores del PSOE.

Otra vez un juzgado, otra vez nombres que orbitan cerca del poder y otra vez el mismo olor a cosa poco clara. La declaración de José Fernández Rosado en el caso hidrocarburos no es un chisme de bar: es un episodio más de esa película repetida donde empresarios, presuntos testaferros y favores mal explicados se cruzan en los alrededores del PSOE.

Que Fernández Rosado diga ante la Audiencia Nacional que le ofrecieron poner su nombre al frente de una empresa investigada, a cambio de dinero, no es un detalle menor. Y que en ese ofrecimiento aparezca Cristian Corvillo, a quien el PP sitúa como chófer de Pedro Sánchez en unas primarias, añade un componente político imposible de ignorar, por mucho que se intente mirar hacia otro lado.

Nadie afirma que Pedro Sánchez esté sentado en el banquillo, pero el problema es el contexto. Cuando una y otra vez surgen historias turbias protagonizadas por personas de su entorno, la sensación es que la limpieza que se predica en los discursos no termina de verse en la práctica.

El presidente y su partido deberían entender que no basta con negar o minimizar. La confianza se pierde a base de pequeñas grietas, y este tipo de episodios son auténticos martillazos a la credibilidad. No es una cacería: es exigir explicaciones claras y responsabilidades políticas.

Porque al final, la política no va solo de lo que uno hace, sino también de lo que permite alrededor. Y hoy, guste o no, todo lo que rodea a Pedro Sánchez vuelve a oler mal.

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Ceuta, Miercoles 29 de Julio del 2026

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