Santos Cerdán ha decidido revolverse y no precisamente con elegancia. Su choque con el secretario general del PSOE, soltando aquello de “pregúntese si está usted en condiciones de hacerme a mí un reproche ético”, suena más a pataleta que a argumento. Cuando en política se pasa al ataque personal, suele ser porque el suelo empieza a temblar bajo los pies.
Santos Cerdán ha decidido revolverse y no precisamente con elegancia. Su choque con el secretario general del PSOE, soltando aquello de “pregúntese si está usted en condiciones de hacerme a mí un reproche ético”, suena más a pataleta que a argumento. Cuando en política se pasa al ataque personal, suele ser porque el suelo empieza a temblar bajo los pies.
Mientras tanto, el señor Sánchez sigue insistiendo en que “todo es falso”. Lo repite como un mantra, como si a base de decirlo muchas veces la realidad fuese a cambiar. Y no, presidente, no todo es falso. Falso no es el hartazgo de una ciudadanía que asiste, atónita, a este espectáculo de reproches internos y negaciones automáticas.
Lo que tampoco es falso es la sensación de que se está estirando demasiado la cuerda. Negarlo todo, sin matices ni explicaciones claras, acaba pareciendo una huida hacia adelante. Y en política, como en la vida, cuando uno no da explicaciones, invita a que otros se las inventen.
Resulta increíble que, a estas alturas, se siga apostando por la negación absoluta. Porque más allá de lo que sea cierto o no, lo que sí queda claro es la imagen que se proyecta. Y ahí, guste o no, el presidente del Gobierno está demostrando tener una cara muy dura… o una fe infinita en que los ciudadanos se cansen antes que él.