La visita de Óscar Puente a China, concretamente a las instalaciones de Changchun Railway Vehicles Co, filial del gigante CRRC, se presenta como un gesto institucional de peso. No es poca cosa acercarse al mayor fabricante mundial de trenes de alta velocidad, sobre todo para un país como España que presume —con razón— de su red ferroviaria. Sobre el papel, suena a cooperación, tecnología y futuro.
