Los rocieros ceutíes ya están con el reloj en la mano, contando las horas para volver a poner rumbo a la aldea almonteña. Este lunes embarcan en uno de los primeros barcos, y con él no solo cruzan el Estrecho: cruzan también un año entero de espera, de ilusión contenida y de fe que se va calentando hasta explotar en Pentecostés.
