Ceuta lleva años soportando una presión migratoria que no se corresponde ni con su tamaño ni con sus recursos. Hablamos de una ciudad de apenas 19 kilómetros cuadrados que, además de convivir con sus problemas diarios de vivienda, sanidad o empleo, tiene que afrontar casi en solitario la llegada constante de menores extranjeros no acompañados. Y aquí es donde el debate deja de ser ideológico para convertirse en una cuestión de pura realidad: la solidaridad no puede recaer siempre sobre los mismos.
