Mi Rincón
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Los rocieros ceutíes ya están con el reloj en la mano, contando las horas para volver a poner rumbo a la aldea almonteña. Este lunes embarcan en uno de los primeros barcos, y con él no solo cruzan el Estrecho: cruzan también un año entero de espera, de ilusión contenida y de fe que se va calentando hasta explotar en Pentecostés.

Los rocieros ceutíes ya están con el reloj en la mano, contando las horas para volver a poner rumbo a la aldea almonteña. Este lunes embarcan en uno de los primeros barcos, y con él no solo cruzan el Estrecho: cruzan también un año entero de espera, de ilusión contenida y de fe que se va calentando hasta explotar en Pentecostés.

Porque El Rocío, para quien lo vive, no es un viaje cualquiera. Es ese “enganche” del que hablan sin rodeos, algo que se queda dentro aunque pase el tiempo. Se hace largo el año y corto el camino, como repiten entre sonrisas y cansancio bueno. Y cuando llega mayo, todo encaja: la emoción, las ganas y esa necesidad de volver a encontrarse con lo que sienten como suyo.

Detrás de la parte más visible hay una logística que no es menor. Unas 60 personas entre camino y casa, carruajes preparados, avituallamiento, tiendas, comidas y todo organizado al detalle. Para Ceuta, además, el esfuerzo es mayor: no es solo carretera, es barco, coordinación y una intendencia que no perdona despistes. Pero lo asumen con naturalidad, casi como parte del propio rito.

Y mientras todo se pone en marcha, ya late en el horizonte el momento más esperado: el domingo de Pentecostés y ese “salto de la reja” que condensa todo lo vivido. Antes habrá convivencia, cansancio, risas y fe compartida. Pero lo importante ya está dicho: el camino vuelve a empezar, y Ceuta, una vez más, vuelve a estar en marcha hacia su Rocío.

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Ceuta, Domingo 02 de Agosto del 2026

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