Es necesario ser claros: la inmigración ilegal no puede seguir amparándose bajo un discurso de puertas abiertas que, lejos de solucionar el problema, lo agrava día a día. No se puede permitir que la entrada irregular de personas continúe mientras los gobiernos de turno miran hacia otro lado o intentan justificar la situación con discursos ambiguos de solidaridad. Este enfoque solo alimenta un efecto llamada que resulta insostenible, tanto para los ciudadanos como para los propios migrantes que, en muchos casos, arriesgan su vida con falsas expectativas.
