En los últimos años, las agresiones a profesionales de la salud se han convertido en una alarmante constante. La última víctima de esta lacra ha sido un trabajador del INGESA en el centro de salud de Otero. Un episodio que no solo indigna, sino que también pone de manifiesto las condiciones de vulnerabilidad en las que estos profesionales desempeñan su labor. ¿En qué momento perdimos el respeto por quienes nos cuidan?
