La reciente sentencia del Tribunal Supremo, que avala la colocación de la bandera del colectivo LGTBI en edificios públicos durante el Día del Orgullo, es un paso importante hacia la normalización y el respeto a la diversidad. Es una decisión que deja claro que este símbolo no tiene connotaciones partidistas ni busca generar enfrentamientos, sino representar valores universales como la igualdad, la inclusión y los derechos humanos. Y eso, francamente, nos parece perfecto.
