La situación de abandono y suciedad en Ceuta ha llegado a un punto insostenible, y la falta de autoridad del consejero de Presidencia y Gobernación, Alberto Gaitán, responsable de la Policía Local, resulta preocupante. Las ordenanzas municipales parecen ser letra muerta ante la permisividad que permite a cualquiera, con total impunidad, descargar escombros y restos de obra en plena vía pública. Esta escena se repite en barriadas y espacios de toda la ciudad, convertida en un vertedero a cielo abierto, donde nadie, salvo los ciudadanos, parece percatarse de la gravedad del problema.
La situación de abandono y suciedad en Ceuta ha llegado a un punto insostenible, y la falta de autoridad del consejero de Presidencia y Gobernación, Alberto Gaitán, responsable de la Policía Local, resulta preocupante. Las ordenanzas municipales parecen ser letra muerta ante la permisividad que permite a cualquiera, con total impunidad, descargar escombros y restos de obra en plena vía pública. Esta escena se repite en barriadas y espacios de toda la ciudad, convertida en un vertedero a cielo abierto, donde nadie, salvo los ciudadanos, parece percatarse de la gravedad del problema.
Los esfuerzos de las brigadas de limpieza, junto con empresas privadas y equipos municipales, no son suficientes. Aunque estas cuadrillas trabajan sin descanso, la realidad es que no dan abasto. La falta de control sobre las empresas y personas que deben disponer sus desechos en los vertederos legales es alarmante, y la desidia con la que se ha permitido este desorden demuestra una dejadez que empieza en las oficinas de quienes, con autoridad y medios, podrían tomar cartas en el asunto.
El consejero Gaitán debería estar al frente de esta lucha, aplicando las normas con firmeza y asegurando que los infractores respondan por sus acciones. Pero en lugar de ello, observamos un liderazgo pasivo y una aparente incapacidad para hacer cumplir las ordenanzas. No solo él, sino también el presidente, quien parece mirar hacia otro lado y permite que su consejero se escurra de las responsabilidades para las que fue elegido.
Los ciudadanos, que viven en un entorno cada vez más degradado, se sienten abandonados y no pueden hacer otra cosa que preguntarse para qué votaron a estos representantes. La limpieza de Ceuta no es un asunto menor: es una cuestión de calidad de vida, de imagen y de salud pública. Mientras el consejero y el presidente no tomen medidas reales, Ceuta seguirá arrastrando una imagen de abandono que no se merece.
Es hora de que ambos asuman su responsabilidad, y que se tomen decisiones efectivas para devolverle a nuestra ciudad el respeto que merece.
