La Sentencia
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En Ceuta, la pobreza infantil sigue siendo una herida abierta que ni los discursos ni las buenas intenciones han logrado cerrar. Ahora el MDyC anuncia que preguntará al Ejecutivo qué medidas ha tomado para combatir este problema. No cabe duda de que la pobreza infantil merece ser abordada con urgencia y seriedad, pero hay algo que chirría en esta cruzada: su líder, Fátima Hamed, parece haber cambiado las trincheras de la lucha social por el cómodo despacho de una vicepresidencia bien remunerada.

En Ceuta, la pobreza infantil sigue siendo una herida abierta que ni los discursos ni las buenas intenciones han logrado cerrar. Ahora el MDyC anuncia que preguntará al Ejecutivo qué medidas ha tomado para combatir este problema. No cabe duda de que la pobreza infantil merece ser abordada con urgencia y seriedad, pero hay algo que chirría en esta cruzada: su líder, Fátima Hamed, parece haber cambiado las trincheras de la lucha social por el cómodo despacho de una vicepresidencia bien remunerada.

Lo que más sorprende es que Hamed, quien en su momento denunciaba con vehemencia el “desgobierno de Vivas”, hoy comparte mesa y decisiones con aquellos a los que llamaba responsables del caos local. ¿Qué ha cambiado? Seguramente no las cifras de la pobreza infantil ni los problemas de las familias ceutíes. Tal vez el cambio radique en el sueldo anual de 80.000 euros que acompaña su flamante cargo. A veces, la coherencia queda atrapada entre la nómina y las promesas rotas.

Es legítimo pactar en política; al fin y al cabo, es el arte de lo posible. Pero cuando el discurso inicial era uno de principios inflexibles y lucha por los desfavorecidos, el giro hacia acuerdos pragmáticos con quienes representaban todo lo que criticaba resulta difícil de justificar. A este paso, la ciudadanía podría empezar a preguntarse si la pobreza infantil es una causa real o una bandera que ondea según sople el viento político.

En Ceuta, necesitamos políticas valientes y transparentes, no juegos de estrategia que dejan a los más vulnerables fuera del tablero. Si realmente se quiere combatir la pobreza infantil, hace falta menos postureo y más compromiso. Y compromiso no significa preguntar qué se ha hecho, sino liderar el cambio, cueste lo que cueste, incluso cuando no hay un cheque de por medio.

El tiempo dirá si Fátima Hamed es una política que utiliza la pobreza infantil como trampolín o si, a pesar de sus contradicciones, logra hacer algo por esos niños que no tienen más alternativa que esperar a que los pactos se traduzcan en algo más que palabras.

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Ceuta, Jueves 06 de Agosto del 2026

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