En Ceuta no podemos seguir ignorando la realidad que enfrentan los menores extranjeros no acompañados (MENAs). Estos niños y adolescentes, que llegan a nuestras costas huyendo de la pobreza, la violencia o simplemente buscando un futuro mejor, no son solo números en las estadísticas migratorias. Son seres humanos vulnerables, y su situación demanda una respuesta firme y coordinada por parte de las instituciones.
En Ceuta no podemos seguir ignorando la realidad que enfrentan los menores extranjeros no acompañados (MENAs). Estos niños y adolescentes, que llegan a nuestras costas huyendo de la pobreza, la violencia o simplemente buscando un futuro mejor, no son solo números en las estadísticas migratorias. Son seres humanos vulnerables, y su situación demanda una respuesta firme y coordinada por parte de las instituciones.
Las recientes jornadas sobre la trata de menores y la protección infantil han vuelto a poner de relieve una verdad incómoda: muchos de estos menores están en grave riesgo de caer en manos de redes de explotación. La criminalización que a menudo sufren por su situación migratoria es un error que invisibiliza el peligro real al que están expuestos.
Lo más preocupante es que la detección de estos casos sigue siendo insuficiente. En España, de las más de mil víctimas de trata detectadas, solo un 1,2% son menores. Esto no significa que no existan, sino que no hemos sabido identificarlos. Ceuta, con su peculiar situación geográfica y su papel como puerta de entrada a Europa, debería ser un lugar donde la prevención y la protección de estos menores fueran una prioridad absoluta.
No basta con buenas intenciones o palabras de compromiso. Hace falta acción real, inversión en recursos y una mejor coordinación entre las diferentes administraciones implicadas. El área de menores de la Ciudad Autónoma hace lo que puede, pero claramente se necesitan más medios. Y no solo para la acogida inmediata, sino también para proporcionar una atención integral a estos menores, que aborde sus necesidades psicológicas, sociales y educativas.
No podemos permitirnos el lujo de seguir fallando a los menores migrantes. Si de verdad queremos una sociedad más justa y solidaria, tenemos que empezar por proteger a los más vulnerables. Y en este caso, eso pasa por actuar de manera decidida para que ningún niño o niña caiga en las garras de la trata.
