En los últimos meses estamos viendo un aumento constante de denuncias y condenas por abusos sexuales. No es que antes no ocurrieran —simplemente, ahora se habla más, se denuncia más y se juzga más. Y aunque eso demuestra que la sociedad empieza por fin a escuchar a las víctimas, también nos deja claro que hay una realidad inquietante: tenemos un problema más profundo del que solemos querer admitir.
