Juan Luis Aróstegui se ha consolidado como el epítome del político inútil que, por arte de magia, siempre consigue estar donde no debería. Durante su paso por Hacienda en Ceuta, dejó una estela de desastre económico que todavía arrastra la ciudad. Sin embargo, su gran talento no es resolver problemas, sino exhibir breves destellos de “inteligencia” para amenazar con la Fiscalía o la UCO a cualquiera que ose cuestionarlo. Un espectáculo patético: ruido, amenazas y cero soluciones.
Juan Luis Aróstegui se ha consolidado como el epítome del político inútil que, por arte de magia, siempre consigue estar donde no debería. Durante su paso por Hacienda en Ceuta, dejó una estela de desastre económico que todavía arrastra la ciudad. Sin embargo, su gran talento no es resolver problemas, sino exhibir breves destellos de “inteligencia” para amenazar con la Fiscalía o la UCO a cualquiera que ose cuestionarlo. Un espectáculo patético: ruido, amenazas y cero soluciones.
Lo más preocupante es que, lejos de asumir responsabilidades, Aróstegui se refugia en los consejos de administración y cargos invisibles, donde su función principal es molestar, filtrar rumores a la prensa y cumplir órdenes de su amo. No aporta, no decide, solo vive para crispar los nervios y sembrar malestar. Es un muerto político con vida artificial, una sombra que se arrastra por la administración para recordarnos lo inútil que puede ser un cargo bien pagado.
Desde la dirección de CCOO, sigue operando como si fuera el titiritero de todos, manejando hilos desde la sombra y generando confrontación burda. No busca acuerdos ni mejoras, solo protagonismo y confrontación. Su política es ruido constante: cuanto más se pelea y más se crispa, mejor para él. Lo peor es que aún hay quienes lo toman en serio, ignorando que detrás de esa fachada de “experto” solo hay ego y oportunismo.
Ceuta merece políticos que construyan, que resuelvan y que no se escondan tras amenazas y filtraciones interesadas. Aróstegui es el ejemplo contrario: un estorbo perpetuo, un recordatorio de que el poder a veces se lo lleva quien menos lo merece. Mientras él siga flotando en cargos y consejos, la ciudad seguirá pagando el precio de su incapacidad.
Es hora de que dejemos de normalizar la presencia de personajes como Aróstegui. La política no es un escenario para moscas cojoneras, es un terreno que exige responsabilidad y soluciones. Ceuta merece algo mejor que ruido, amenazas y mediocridad.
