Hay silencios que hacen más ruido que mil discursos, y el de Ceuta Ya! estos días retumba en toda la ciudad. Un guardia civil herido por un migrante armado con un garfio —que no fue al brazo por casualidad, sino porque falló al intentar darle en la cabeza— y ni una palabra de apoyo, ni una condena clara, ni un gesto mínimo de humanidad. Nada. Como si no hubiera pasado.
