El anuncio del preacuerdo entre Sanidad y los sindicatos del ámbito de negociación para el nuevo estatuto marco debería ser una buena noticia. Por fin, tras meses de tensiones, parece que se avanza hacia un marco que reconozca el trabajo y la dedicación de quienes sostienen el sistema sanitario. Sin embargo, la sensación general es de que este acuerdo llega un poco tarde y solo después de una presión constante por parte de los profesionales.
El anuncio del preacuerdo entre Sanidad y los sindicatos del ámbito de negociación para el nuevo estatuto marco debería ser una buena noticia. Por fin, tras meses de tensiones, parece que se avanza hacia un marco que reconozca el trabajo y la dedicación de quienes sostienen el sistema sanitario. Sin embargo, la sensación general es de que este acuerdo llega un poco tarde y solo después de una presión constante por parte de los profesionales.
Mientras tanto, en Ingesa parecen vivir en otra realidad. Durante la reciente huelga de médicos, insistían en que la repercusión era mínima, que “eran cuatro gatos” y que “no iba a ir a ninguna parte”. La realidad, por supuesto, desmiente sus palabras. Cada protesta, cada día de paro, evidencia un malestar profundo que no se puede ignorar, por mucho que se intente minimizar.
Lo más preocupante no es solo la desconexión de la institución, sino la imagen que proyecta: un organismo que hace el ridículo constantemente, que no escucha, que parece más preocupado por mantener apariencias que por enfrentar los problemas de fondo. Y, por si fuera poco, la delegada parece más centrada en su posición jerárquica que en representar realmente a los profesionales que están al frente de la sanidad.
El preacuerdo debería ser una oportunidad para que Ingesa abra los ojos y reconozca que la sanidad no se sostiene con gestos vacíos ni con discursos desconectados de la realidad. Los profesionales llevan años pidiendo mejoras, respeto y reconocimiento. Ignorarlos no solo genera frustración, sino que amenaza la calidad del servicio que todos necesitamos.
Si de verdad queremos un sistema sanitario eficiente y justo, hace falta más que preacuerdos: hace falta escuchar, actuar con responsabilidad y dejar de subestimar a quienes sostienen la salud de la población día a día. Hasta que eso ocurra, cada gesto de desconexión institucional seguirá haciendo más daño que cualquier huelga.
