Los médicos han dado por terminado un paro de cuatro días que, para muchos, ha sido más bien un grito desesperado que una simple medida de presión. Y lo más preocupante es que se bajan del escenario sin acuerdos, sin avances y con la sensación de que enero llegará cargado de más ruido que certezas. La tensión ya no es solo laboral; es emocional, social y, en parte, también política.
